Los ingleses son los naturales de Inglaterra. Los naturales de Gales, de Escocia y de Irlanda del Norte no son ingleses, sino –respectivamente- galeses, escoceses e irlandeses (del norte). Lo que sí puedes llamarles a todos ellos es británicos.
En el Reino Unido también hace sol y calor. Puede que su período de calor dure dos semanas, una, o cuatro días, pero haberlo haylo. Esporádicamente puede que salga un día poco nublado. Entonces todo el mundo sale a la calle a aprovechar los pocos rayos de sol que se cuelan entre las nubes. Si llevas algún tiempo viviendo en las islas británicas tú puedes ser uno de ellos.
No importa cuánto frío haga. Una inglesa que vaya de fiesta siempre irá más desnuda que vestida. Este punto se complementa con el 4.
No importa de qué material esté hecho el firme sobre el que pisan, pero la probabilidad de que una inglesa se descalce en plena calle siempre tiende a uno. Y quien dice en la calle dice en cualquier otro sitio: en la acera, en pleno asfalto, en el parque, en la discoteca, en el pub.
En el Reino Unido se conduce al revés, las señales son distintas y muchas de ellas son simples letreros con palabras o frases cortas. Curiosamente nuestro carné de conducir es válido en las Islas Británicas aunque no sepamos una sola palabra de inglés y aunque la única vez que hayamos conducido al revés haya sido en el parking del Carrefour.
Los taxis en el Reino Unido no se cogen; se llaman por teléfono. En España tú ves un taxi a las 4 de la mañana, enseñas la mano y el taxi para. En Inglaterra tú no paras al taxi: el taxi te para a ti. Previamente tienes que haber llamado a la central de taxis, decir dónde estás, dónde quieres ir y tu nombre. Cuando el taxi llega, el conductor pregunta tu nombre y ya está. No tienes ni que repetir la dirección porque él ya la lleva en su GPS. ¿Lo malo? Pues que si no tienes el número de la compañía de taxis tienes un gran problema.
No es lo mismo llamar a un móvil que llamar a un fijo. Los móviles tienen un prefijo, los fijos otro. O no, no lo sé, porque después de tanto tiempo sigo sin aclararme. Además si llamas desde un móvil tienes que poner un prefijo, y si llamas desde un fijo tienes que poner otro. O tampoco. Para mí los números de teléfono del Reino Unido (y en este caso también los de Irlanda) son un misterio que la ciencia aún no me ha sabido explicar. Lo mejor es que este curioso sistema no viene explicado en ningún sitio. Siempre que veas un número de teléfono en prensa o en publicidad aparece sin prefijos. ¿Por qué? Pues porque los británicos ya tienen esta información impresa en su código genético. Es una bonita aventura pedirles que te expliquen cómo llamar por teléfono: todos saben hacerlo pero nadie sabe explicar cómo, sobre todo a alguien que no es británico. Ejemplo: en Plymouth el número de la compañía de taxis es el 222222. Intenta llamar desde un móvil: nanai; necesitas ponerle un prefijo extraño. Intenta llamar desde un fijo: si estás dentro de la ciudad no hay problema, pero como te salgas de los límites municipales más te vale que sepas cuál es el prefijo, o tienes un gran problema.
En el Reino Unido no hay Cercanías, Regionales y leches de esas. El tren más chustero en el que te puedas subir le pega veinte vueltas a cualquier Larga Distancia en que te puedas subir en España. Asientos anchos, extra cómodos, reclinables, amplios, con bandeja extensible, servicio de cafetería (en el vagón de cafetería) y de cátering (venta de comida y bebidas con carrito). Además cada 20 minutos pasa un empleado con una bolsa recogiéndote los papeles y los envoltorios. No, no es que no haya papeleras, es que pagan adrede a varios empleados para que hagan ese trabajo. ¿No es increíble? Pues atención, porque pagan a otro sólo para que limpie los lavabos. Eso es especialización y lo demás son tonterías. Quizá tenga algo que ver el siguiente punto.
En el Reino Unido los servicios ferroviarios están privatizados. Hablando claro: no existe una Renfe, sino 30, cada una con un nombre, con unos trenes distintos, con unos colores identificativos y con unas rutas específicas. ¿Qué haces en España para buscar los horarios del Cercanías de Valencia a Castellón? Pues te vas a Renfe > Cercanías > Valencia > Horarios. Ahora imagínate que quieres ir de Penzance a Bristol, que son más de 3 horas de viaje en tren. No puedes ir a la página de la Renfe inglesa porque en primer lugar no sabes cómo se llama la compañía que explota esa ruta. A lo mejor incluso puede que haya dos compañías que compartan esa ruta. Pero tú eso no lo sabes. Así que los horarios de todas las compañías de tren son hechos públicos en páginas cuyo único objetivo es hacer búsquedas de ese trayecto con todas las compañías. Ejemplo: Entras en la página, escribes la estación de origen, la de destino, el día que quieres viajar y la hora. El motor de búsqueda se encarga de preguntarle a todas las empresas que explotan las vías británicas y te devuelve los resultados en décimas de segundo. Lo mejor no es eso, sino que la información que te proporciona es a-som-bro-sa. ¿Quieres saber en qué andén parará el tren? Te lo dicen. ¿Quieres un asiento que vaya de frente a la marcha o prefieres uno de espaldas? Te lo dan. ¿Quieres uno que esté al lado de los lavabos? Hecho. ¿Necesitas un asiento con mesita en vez de con bandeja extensible? ¡Los hay! Pero espera, porque falta lo mejor: quizá prefieras un asiento en el quiet coach. ¡Nada más fácil! Uhm, espera, ¿qué es un quiet coach? Pues ni más ni menos que un vagón en que no está permitido hacer ruido: nada de móviles sonando, nada de música escapando de los auriculares del iPod, nada de bebés llorando, nada de conversaciones con el vecino. La pesadilla de todo choni poligonero masiero. Silencio en el Reino Unido quiere decir eso, silencio. A veces hasta la megafonía está desactivada en ese vagón. Está muy bien si quieres aprovechar el viaje para estudiar, leer o echarte una siesta de 2 horas, pero como quieras charrar con tu amiga lo tienes difícil.
Siguiendo con los trenes británicos, hay algo que llevo echando de menos en los trenes españoles desde que volví de Inglaterra. Os explico: viajé de Bristol a Alicante en avión. Una vez en Alicante cogí un tren hacia Valencia. No era un Cercanías, no era un Regional, no era un TRD de esos asquerosos que nadie quiere. Era un Media Distancia tipo Euromed, Talgo o del gremio, uno de esos trenes que tienen de todo: vagón de primera clase, televisión con películas y documentales y hasta servicio de bar. Espera, ¿he dicho de todo? Bueno, tenía de todo hasta que cogí el ordenador portátil dispuesto a verme una película o algún capítulo de alguna serie, desenrollé el cable y con el extremo del cable en la mano me dije: ¡de puta madre! Nótese la ironía, el sarcasmo y la mala leche que aún hoy en día me sube por la garganta y me dan ganas de estrangular a Juan Antonio Renfe. ¿Es que a nadie en toda la puta Renfe se le ha ocurrido alguna vez poner enchufes en los trenes? Volvamos al punto 8, porque hay que completarlo: En el Reino Unido no hay Cercanías, Regionales y leches de esas. El tren más chustero en el que te puedas subir le pega veinte vueltas a cualquier Larga Distancia en que te puedas subir en España. Y una de las razones principales es que tienen enchufes. El tren más destartalado del Reino Unido tiene su enchufe para cada asiento. Electricidad buena, limpia, gratis. Da igual que hagas un viaje de 4 míseras libras o que te dejes 150 cucas: tú tienes tu enchufe para meter ahí lo que te dé la gana. Como si quieres enchufar una tele y la PlayStation 3. Tu enchufe es tuyo. Ahora poneros a buscar un enchufe en un tren español. ¡Acabáramos!
En el Reino Unido no está permitido el botellón, pero se puede beber cerveza en la calle, en el cine, en el teatro y en el tren.
¿Explicación? Botellón (para algunos esta palabra es una perversión de botellona pero no seré yo quien entre en esa discusión) para nosotros significa beber en compañía en la calle por cuatro duros con ánimo jocoso y festivo. Beber cerveza no tiene por qué significar eso. Beber cerveza es tan natural en las islas británicas como beber agua a las 2 de la tarde en agosto en medio de un parque sin árboles en España: es una necesidad. Así, cuando caminas por un parque te cruzas con gente bebiendo una pinta de cerveza (en lata), o cuando vas al teatro tienes por vecino a una pareja de amigos que se han metido en el cuerpo 3 pintas cada uno, o cuando vas en tren el servicio de cátering vende pintas como quien vende paquetes de pipas de 5 duros. Lo bueno: que tienes la excusa perfecta para mejorar cualquier situación en la que estés. Lo malo: que a la tercera o cuarta pinta la gente empieza a dejar de ser gente. Bueno, a la tercera o cuarta para nosotros; para ellos tienen que pasar muchas más porque tienen una resistencia al zumo de cebada que no es normal.
- Cuando haces turismo y necesitas comer, tiendes a buscar un lugar donde sirvan comida típica. En el Reino Unido no. No porque no les guste la comida típica, sino porque no tienen comida típica. Nunca han sabido explotar un plato típico, totalmente identificativo que los represente en el extranjero o en el condado vecino.
Si vienes a la Comunidad Valenciana pides paella, fideuà, arroz al horno y una selección casi infinita de arroces. Si vas al norte de España tienes tus buenos pescados y mariscos, y cualquier cosa que quieras hacer con ellos. Si te vas al interior de la península tienes tus señores embutidos, que en cada comarca son distintos y tienes variedad para que te dé un ataque al corazón cada 50 kilómetros. En Madrid dicen que tienen el cocido madrileño, en el sur su pescaíto frito y el gazpacho y en las Islas Canarias el mojo picón. Coño, que de hambre no nos moriremos. Bueno, de hambre precisamente tampoco nos moriremos en el Reino Unido. Pero la única variedad que encontraremos se halla en el pasillo de salsas del supermercado. Como nunca se han preocupado de explotar el turismo, nunca han experimentado, buscado y ensalzado un plato o receta típica que los identifique con respecto a otros lugares. Por eso cuando tienes hambre lo más típico cuando vas de turismo por el Reino Unido es entrar en el supermercado y comprarte un sándwich por 2 libras. Es barato, es simple y seguramente sea lo más sano que comas en todo el día.
En el Reino Unido el chocolate es más barato que el agua. En el Reino Unido el chocolate está declarado como artículo de primera necesidad. En el Reino Unido la gente consume tanto chocolate que viéndolos comer te dan verdaderos empachos. Y, amigos míos, en el Reino Unido hay tanta variedad de sabores de chocolate y chocolatinas que desearías poder reciclar la sangre para poder comer más chocolate y que no te diese un ataque al corazón. De todos los colores, de todos los sabores, de todos los tamaños y diseños y de todos los precios: chocolate por todas partes, a todas horas, para todo el mundo. Y barato, muy barato. Las chocolatinas (Twix, Mars, Snickers) no se compran por unidades, sino en bolsas de 5. Y con las bolsas de 5 hacen precios especiales de manera que la segunda bolsa te sale casi regalada. Maldito colesterol, malditos triglicéridos y maldita dieta mediterránea: todo a tomar por culo. Yo te maldigo, Cadbury. [Aunque sus anuncios de televisión son de lo más rayante que te puedas echar a la cara: 1 y 2].
En el Reino Unido no llueve de arriba abajo: llueve de lado, y en ocasiones de abajo arriba. Y aunque esto parezca sacado de una escena de Forrest Gump es la verdad más grande que nadie os pueda contar sobre la meteorología británica. ¿Te vas de viaje a Inglaterra y te llevas un paraguas? Déjatelo en España; sólo te va a ocupar espacio en la maleta (y peso). En Inglaterra los paraguas no sirven para nada. Existen, los puedes ver, los puedes comprar, pero no sirven para lo mismo que en España. ¿Por qué? Ya lo he dicho al principio de este punto: porque en el Reino Unido no llueve de arriba abajo, sino de lado y a veces de abajo arriba. Puede que no te lo imagines, puede que no te lo creas. Puede que alguien que haya estado te haya dicho: joder, toda la semana lloviendo; no nos despegamos del paraguas. Lo que no te han dicho es que por muchos paraguas que llevaran, se mojaron igual. Y eso si tuvieron suerte y no se les rompió, porque el principal problema de la meteorología británica no es la lluvia, sino el viento. La llovizna más insignificante se convierte en una lucha del hombre contra la naturaleza por culpa del viento. Y contra ello no hay paraguas que valga. Lo más normal es que de una ráfaga se te quiebren algunas varillas y tengas que abandonarlo en una papelera (eso si no se te va volando).
Los ingleses ya están acostumbrados: pocos he visto que usen paraguas. De hecho, la lluvia no les suele molestar. Pero el viento… ese es otro cantar. Entonces, ¿cuál es la solución al problema de la lluvia? Chubasqueros, impermeables, abrigos con capucha y si son resistentes al agua mejor. Los veréis en todas las tiendas y supermercados. Los impermeables son baratos: por 2 ó 3 libras tienes uno bien majo amarillito, rojo vistoso o azul chillón, imprescindibles para que te vean los demás (sobre todo si vas en bici).Si los británicos quisieran, ganarían todos los Giros d’Italia, todos los Tours de Francia y todas las Vueltas a España. Van en bici a todas partes: al trabajo, a casa, a comprar, al centro, al cine, a ver a los colegas, al parque… Y si el terreno fuese llano –como el de Valencia- pues este punto se quedaría en la simple anécdota, pero no es el caso. Pendientes impracticables en las que los conductores de autobuses sudan sangre para poderlas subir; señales nevadas; calzadas heladas; carriles bici que aparecen, desaparecen, se unen con el carril bus, se desdoblan, se meten en la acera; señales sólo para ciclistas; autovías y vías rápidas; temperaturas gélidas; rachas de viento capaces de tumbar a viandantes; animales salvajes que se cruzan (ciervos, ovejas, vacas, erizos, patos, gansos y todo el reparto de Rebelión en la granja)... Da igual que llueva, que nieve o que granice. El ciclista británico es el puto amo y te da veinte patadas a ti, a mí y al profe de tu pueblo que hacía todos los días 20 kilómetros en bici para ir al instituto a dar clase.
El británico no se pone moreno: se pone rojo. Lo veréis en España siempre que queráis. Da igual que tú vayas con el abrigo por tu ciudad porque el termómetro marque 15 grados y quieras llegar a casa para echarte en el sofá y taparte con la mantita. Si te cruzas con un británico verás que va vestido de verano: pelo engominado, gafas de sol, camisa de manga corta (a veces camiseta), pantalón corto y como calzado voy a romper una lanza a favor de los ingleses: no sólo llevan chanclas con calcetines blancos; a veces en su lugar llevan zapatillas de deporte… con calcetines blancos. ¿Y qué es lo que resalta sobre todo este atuendo? Ese resplandor rojizo que emana de su piel, ese rojo casi radiactivo, ese tono que deslumbra si lo miras directamente bajo la luz del sol, ese color que duele con tan sólo mirarlo porque tiene efecto sinestésico, que te lo imaginas en tus carnes y te preguntas en qué reactor de Chernóbil trabajó ese hombre y por qué no grita como Jesucristo en la Pasión de Mel Gibson. Y tú te preguntas: ¿de dónde coño habrá sacado ese anticipo de cáncer de piel si yo voy tapado con la chaqueta hasta las orejas? Yo creo que es algo que comen en su país, alguna cosa presente en su agua, en sus refrescos o en el chocolate. La semana pasada visité a mis amigas en Plymouth, estuvo soleado durante 4 días (ya tienen casi el cupo anual de sol) y las partes de mi cuerpo que estuvieron al sol cobraron un tono parecido al rojizo chillón. Era un rojo que no había visto en mi vida en mi piel, y eso siendo de Valencia y habiéndome quemado en la playa y en la montaña en infinidad de ocasiones ya dice mucho. Sea como fuere, por caridad y porque en el fondo somos todos hermanos europeos, yo propongo que en el control de pasaporte de los aeropuertos les regalen protección solar factor 30 por lo menos. A mí es que me duele en el alma cuando los veo del color del marisco cocido. Y sé que a vosotros también.
La moda para los ingleses no es un concepto social, sino meramente matemático y estadístico. Cada uno viste como le da la real gana y nadie mira raro a nadie por ello. Eso tiene su punto bueno, y es que si un día no les queda ropa limpia, planchada o que les conjunte no se tienen que preocupar. Lo malo es que cuando salen del Reino Unido todo el mundo sabe de dónde son por cómo visten. Aun así, hay británicos que se visten bien; lo malo es que no son conscientes de ello y no saben aprovecharlo. Por el contrario, cuando un continental (esto es, un europeo del continente) va al Reino Unido suele ser fácilmente reconocible. Son los que suelen vestir bien, incluso para ir al supermercado.
Como durante el día hay tanta libertad a la hora de vestir, por la noche la libertad se convierte en libertinaje. Esto se aprecia sobre todo en las chicas/mujeres/féminas. Y pongo los tres términos porque da igual que te encuentres a una chavala de 14 años que a una señora de 65. Por la noche en cuanto a vestimenta prima el li-ber-ti-na-je. Que tú vas a una discoteca en España y sabes dónde están las gogós porque hay un reguero de babas y varias decenas de tíos borrachos alrededor. En el Reino Unido yo he cogido tortícolis de tanto cuellear. Llega un momento que no es que no sepas dónde mirar: es que no puedes mirar a tantas partes a la vez. A algunos continentales les ha llegado a explotar el cerebro debido a la sobredosis de información en tan pocos segundos. Salir de fiesta por la noche en el Reino Unido es como ir a la sección de las gogós de la discoteca, pero sin discoteca: las ves por la calle, por los parques, por las aceras, saliendo y entrando en los taxis, en el bus, en el McDonald’s, o en la SAMU haciéndole un lavado de estómago a un par de chicas. Van más desnudas que vestidas y además parece que hagan competiciones para ver quién viste más indecente y provocativa. No me parece mal. Quiero decir que si alguna vez tuve algo de inocencia la perdí por el camino. Que se vistan como guarras no es ni bueno ni malo; es lo que hay: se visten como guarras. Y los tíos lo disfrutamos. Sea. De todas formas, de esto se suelen librar las inglesas que han recorrido mundo: las que se han ido de Erasmus a algún país de Europa, las que han vivido fuera del Reino Unido, las que, en definitiva, han podido comparar con otras culturas y se han dado cuenta de que para salir de fiesta no tienen por qué competir por quién se viste con menos ropa. Y yo conozco a unas cuantas, por suerte.
Así como las tías tienden a vestirse con modelitos mínimos cuando van de fiesta, la probabilidad de que un tío se desnude cuando va borracho siempre tiende a 1 [NSFW]. Además esto es como el trabajo de campo de un ornitólogo: tan sólo hay que esperar y observar hasta que el ave hace acto de presencia. Cuando están tan cocidos que no pueden más les basta un impulso mínimo para despelotarse delante de todos y hacer el cabra. Lo he visto más veces de las que hubiera deseado, y es algo científico. Todo británico que se precie de serlo debe tener un tatuaje, celebrar el Poppy Day y haberse desnudado alguna vez en frente de todo el mundo estando borracho.
En la mayoría de ciudades del Reino Unido no hay una sola compañía de buses operando: suele haber varias. Suelen tener precios similares (similarmente caros, quiero decir) y los billetes no son universalmente válidos. Además pagas por distancia recorrida, no por ruta completa. Ejemplo en Valencia: te subes a un autobús de la EMT (Empresa Municipal de Transportes), que es de color rojo, como todos los autobuses que operan en Valencia; pides un billete, que cuesta 1,20€ (si no recuerdo mal) y que te da derecho a hacer tantos kilómetros de la ruta como desees, tanto si te bajas a la parada siguiente como si te bajas en la última. Ejemplo en Plymouth: te subes a un autobús de la compañía First, que son blancos y rosas; le dices adónde vas, la calle, la zona, el barrio o el supermercado más cercano, entonces el autobusero te dice cuánto cuesta tu billete dependiendo de la distancia a la que se encuentre el destino. Problema: si te sacas con First un Return Ticket (billete de ida y vuelta) o un Day Rider (billete diario ilimitado) ese billete no te valdrá para Plymouth City Bus ni para cualquier otra compañía que opere. Esto hay que tenerlo muy en cuenta a la hora de pedir el billete: debes saber dónde quieres ir, qué vas a hacer luego, si te vas a mover con la misma compañía para el viaje de regreso, etc. Un quebradero de cabeza bastante importante para nosotros, que estamos acostumbrados a comprar el bonobús de 10 viajes en los kioscos, sin preocuparnos de dónde vamos, la compañía o los horarios de regreso.
Si buscáis la palabra persiana en un diccionario español-inglés os encontraréis con la palabra inglesa blind. De ello se podría deducir que decir persiana en español es lo mismo que decir blind en inglés. Quizá os lo hayan enseñado en el colegio o quizá ya lo hubiérais buscado por vuestra cuenta. Bueno, pues esa es una de las grandes mentiras que jamás os han contado, junto con la traducción de la palabra pan. Una persiana en español no es una blind en inglés, nunca lo ha sido y desgraciadamente me temo que nunca lo será. ¿Para qué tenemos persianas en España? Exacto, para que no entre la luz. ¿Para qué tienen blinds en el Reino Unido? Pues yo aún no lo sé, porque luz entra la misma, y despertarte a las cuatro y media de la mañana en primavera porque la luz inunda tu cuarto es una putada y de las grandes. He conocido a ingleses que tras haber vivido en España se han hecho una casa en Inglaterra con persianas españolas importadas adrede. ¿Por qué? Porque con persianas duermes; con blinds dormitas, y no es lo mismo ni de lejos. Con persianas duermes hasta las 2 de la tarde los domingos, que es cuando tu madre te despierta para comer paella y tú abres un ojo y te echas la mano a la cabeza de la resaca que tienes. ¿Os lo imagináis con blinds? Dios, es una pesadilla hecha realidad: ¡la privación de oscuridad!
En España tenemos abejas, avispas, moscas y mosquitos, y los matamos a todos con insecticida. En el Reino Unido también tienen abejas, avispas, moscas y mosquitos, pero de un tamaño tal que parecen sacados de Jurassic Park. ¿Y sabéis qué es lo mejor? Que no hay insecticidas. Bueno, puede que los haya, pero yo he estado viviendo ahí mis buenos meses y buscándolos adrede en los supermercados no los he encontrado. Que vosotros diréis que es porque son muy ecológicos y no les gusta andar gaseando la casa. Mentira cochina y gorda, porque luego vas al supermercado y te encuentras un pasillo enorme que se extiende hasta las vastas llanuras yermas de Mordor con cientos de miles de millones de ambientadores en spray… ¡Y ni un puto insecticida! ¿Y qué pasa cuando un mosquito español te pica? Pues que te sale un grano y te pasas casi una semana cagándote en el ayuntamiento de tu pueblo porque no fumigan las charcas. ¿Y qué pasa cuando un mosquito británico te pica? Pues que no te pica: te muerde, te mastica, te roe y te escupe y acto seguido tienes que ir al botiquín a por compresas para parar la hemorragia. Maldita sea, que no sé de qué experimento militar han salido los mosquitos ingleses, pero esos bichos no son de este planeta.
Tienda de comestibles: grocery. Carnicería: butcher’s. Pescadería: fish monger. Tienda de muebles: furniture shop. Droguería: chemist’s. Tienda de ropa: boutique. ¿Os acordáis de cuando estudiasteis todas estas palabras en el colegio/instituto? Quedaba bien sabérselas. Decíais: jo, así cuando vaya a Inglaterra sabré dónde comprar cada cosa. Bueno, pues bienvenidos a la realidad: esas palabras son MIER-DA. ¡Esos sitios no existen desde hace décadas! En mi vida he visto un butcher’s, una fish shop o una chemist’s. ¿Queréis una tienda de comestibles? Supermarket. ¿Una carnicería? Supermarket. ¿Una pescadería? Lo más parecido es… exacto, supermarket. ¿Una tienda donde comprarte una mesa y unas sillas? Jo, me habéis leído la mente: supermarket. ¿Necesitáis antibióticos porque tenéis a la parienta con gripe? Ni se os ocurra ir al médico o a la farmacia: vosotros lo que necesitáis es ir al supermarket. Vaya, se me han roto todos los calcetines y como no sé coser los he tirado todos y necesito otros nuevos: ¿voy a una tienda de ropa? ¡No señor! ¡Vas al supermarket! Supermarket, supermarket, supermarket, supermarket. Si necesitáis algo, id al supermarket. Lo que sea. Un cinturón nuevo, un móvil con cámara de 5 megapíxeles, un paquete de tabaco, sellos, cojines para los sofás, un mando de la tele universal, una libreta de rayas con gusanillo tamaño folio, unas gafas, aciclovir para el herpes labial que me salió el lunes (a saber qué hice el sábado por la noche) o condones con estrías porque esta noche viene la churri a mi casa: su-per-mar-ket. Además te dan de todo. ¿Necesitas una bolsa de plástico? Pam, aquí tienes, abierta, y si quieres más las pides que son gratis. ¿Que te mola el rollo Greenpeace y no te molan las bolsas de plástico? Pues aquí tienes estas que también son de plástico pero que valen 5 céntimos cada una y que cuando se te rompen te las cambiamos por otras nuevas totalmente gra-tis y para toda la vida. ¿Tienes 85 años y vas a hacer la compra en una silla de ruedas motorizada porque la última vez que tus hijos se acordaron de ti fue para regalarte la motoreta? Mira, aquí tienes a este chico tan majo que cobra el sueldo mínimo y cuya única función va a ser acompañarte por todo el supermercado echando lo que tú le digas al carro, metiendo tu compra en bolsas y llevándotelas hasta el coche o si te apuras hasta tu casa. ¿Quieres pagar con tarjeta pero además necesitas efectivo porque no hay un solo cajero en 5 kilómetros a la redonda? Pues no pasa nada, hacemos esta cosa tan maja que llamamos cash-back : tú nos dices cuánto dinero quieres, te lo cobramos en la tarjeta junto a la compra y te lo damos en efectivo. En serio, el centro de la sociedad británica no es el teatro ni la televisión, ni siquiera la cerveza; el centro que unifica a toda la sociedad británica es el supermercado, donde grandes y pequeños, ricos, menos ricos y casi pobres se reúnen como hermanos ante el altar de la línea de cajas, donde cualquier hijo de vecino aparca su coche en el párking del súper al lado de un BMW, un Ford o un Renault.
Si tú quedas con tus amigos un fin de semana y te vas a la montaña ¿qué haces para comer? Exacto: turrá, torrà o en castellano simple barbacoa. Con sus chuletitas, sus longanizas, sus morcillas, chorizos, la patata y la cebolla asada en la brasa… Suena bien, ¿verdad?
Pues no, no suena nada bien, porque luego viene el Seprona y te mete una multa por hacer fuego en el monte que se te caen los huevos al suelo. Bueno, está bien, cambiemos de escena: digamos que estamos en la playa, en una playa con poca gente y queremos pasar el día ahí. ¿Cómo comemos? ¡Coño, barbacoa! Pues no, porque viene la Guardia Civil y te pone una multa por hacer fuego en la arena que se te caen los huevos al suelo. Conclusión: si quieres barbacoa te la haces en tu casa. Pero no vayas a hacer mucho humo no vaya a ser que los vecinos llamen a los municipales y te llegue una multa del Ayuntamiento que te haga caer los huevos al suelo. Ahora cambiemos no sólo de escena sino de acto. Acto II, Escena I: en un lugar indeterminado del Reino Unido, día soleado, con amigos o familiares, ambiente distendido, casi festivo. Sacas tu barbacoa que has comprado en el supermercado por 5 libras, una barbacoa de usar y tirar, con su pastilla de encendido y su carbón incorporado. La colocas en el suelo, la enciendes, esperas unos minutos a que el carbón se convierta en brasas y empiezas a asar la carne que has comprado: hamburguesas, salchichas y… bueno, seguro que hay algo más que se pueda asar por aquellos lares.
El caso es que da igual que lo hagas en la playa, en medio del monte, en un parque público o en la puerta de tu casa en medio de la calle. ¿Quieres barbacoa? Tienes barbacoa. Todo el mundo hace barbacoa, todo el mundo va a barbacoas. Si no hay barbacoa no hay fiesta en la playa. Felicidad.El último punto. El punto final. Por ahora. Seguro que se me ocurren más cosas. Seguro que se os ocurren algunas que a mí se me pasaron inadvertidas. Pero reservo este último punto para redondear, para justificar. Para explicar que cada cultura tiene su idiosincrasia, su forma de ser, de pensar y de actuar, su núcleo que pasa inadvertido para sus nativos pero que es lo primero que nos llama a la atención a los foráneos. Es eso precisamente lo que los hace únicos, especiales, lo que nos invita a quedarnos, a conocerlos, a intentar comprenderlos. Algunas cosas las asimilamos, las hacemos nuestras. Otras sin embargo nos parecen diametralmente opuestas a nuestra razón de ser y las rechazamos de pleno. No obstante, hacer esto es un ejercicio excepcional de observación, algo que necesitamos hacer todos los que tenemos lazos con una cultura distinta a la nuestra. Si no fuera por todos estos elementos, las culturas ajenas no nos resultarían atractivas, no tendrían ese sabor excitante de descubrimiento y no podríamos experimentar esa sensación de apego afectivo, esa impresión emocional que muchas veces se torna en amor y pocas veces odio. Es esto lo que nos hace volver, lo que nos obliga a buscar vuelos baratos, lo que nos mueve a estrechar lazos con los autóctonos y mantener los lazos ya establecidos. Porque es entonces cuando te das cuenta que la verdadera riqueza no está en lo que puedes poseer, contar o medir, sino en quién puedes contar, qué puedes aprender de ellos y qué te pueden aportar en la vida.
































5 linguocomentarios:
Me ha encantado este post, cuantas verdades juntas! jajaja Lo de la barbacoa por 5 libras es un gran invento... parece de mentira y luego ves como se asan las hamburguesa, los marshmallows, vamos todo lo que le eches.
El mejor remedio para el calor en ésta calurosa tarde de... ¿verano? Su puta mulder. Lo dicho, eres un puto amo y mi héroe junto a Lucía :)
jejeje, no podría estar más de acuerdo con todos los puntos... pero se te olvida uno importante:
"Sabrás que hay pocos ingleses/as que no sean capaces de contarte toda la genealogía de las diferentes soap opera: Eastenders, Coronation Street, etc. Eso sin contar los enganchados a las 31 temporadas de Doctor Who o las 4 de Torchwood" :-P
Muy bueno, el post!!!!
Enhorabuena
jajajaja acabo de descubrirte y este ha sido sin duda un GRAN POST!!!!! ^^
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