jueves 11 de junio de 2009

"Doctor en Irlanda", un Beatus Ille del siglo XXI

Título: Doctor en Irlanda

Autor: Patrick Taylor

Editorial: Espasa Calpe

Año: 2007/2009

Traductora: Paz Pruneda

Título original: An Irish Country Doctor


¡Un libro muy divertido, eso es lo que es!


Ese podría ser el comentario que uno de los peculiares habitantes de Ballybucklebo hiciera sobre esta novela de Patrick Taylor. Y es que es en este pueblecito imaginario de Irlanda del Norte donde se esconden un sinnúmero de personajes curiosos e inconfundibles que nos harán pasar grandes momentos.


El libro comienza con la llegada –intento de llegada más bien- del recién licenciado doctor Barry Laverty al pequeño pueblo perdido de Ballybucklebo. Se dispone a entrar a trabajar como ayudante en la consulta del doctor Fingal Flahertie O’Reilly, un médico curtido en mil batallas con(tra) los pacientes más insospechados. Laverty se verá en un primer momento desbordado por los métodos extraños y radicales de su jefe, pero poco a poco se dará cuenta de que en medio del campo, lejos de la vida ordenada y civilizada de la gran urbe que es Belfast, un médico rural sólo puede actuar de esa manera si quiere evitar que los pacientes se le suban a la chepa.


La novela se presenta como un proceso de aprendizaje donde un joven e inexperto médico se va instruyendo progresivamente en su futuro oficio, porque el hecho de haber acabado una licenciatura no le otorga el derecho de creerse un buen médico. A los habitantes del mundo rural hay que mostrarles que no sólo eres un buen médico, sino que eres el mejor que podrían tener, y hay que demostrárselo en el día a día y tanteando la suerte.


Aunque la gesta pudiera parecernos unas memorias o un diario (Patrick Taylor es médico) lo cierto es que en su mayor parte es fantasía. Eso sí, aderezada con ingeniosos toques autobiográficos de la etapa en que el autor comenzaba su carrera como médico rural. Y es que ese toque humano hacia los típicos habitantes rurales analfabetos, supersticiosos, incultos, desdentados, pobres, harapientos, cotillas, aduladores, bebedores, etc. los convierte en figuras deseables de inocencia, ingenuidad, candor, simplicidad, idealismo, naturalidad, confianza, espontaneidad, franqueza… Son, en definitiva, personas libres de preocupaciones y con una carga de todo lo genuino que los habitantes de la ciudad hemos perdido. Sin embargo, la novela no se queda en la simple descripción externa de ese coro de personajes que encuadran la narración, sino que va más allá. Un alcohólico social que pasa más tiempo en el pub del pueblo que con su mujer embarazada pero que aún así la ama con locura; un viejo loco que se consume en su pasado vive rodeado de perros en un coche abandonado y ama en secreto a una mujer rodeada de gatos… y es correspondido; una paciente que se queda embarazada sin estar casada y se ve en la disyuntiva de abandonar el pueblo para tener el hijo en Liverpool o descubrir la identidad de su amante; una mujer hipocondríaca de la salud de su marido…


Y el amor. Porque el amor es lo que realmente mueve esta novela. El amor de O’Reilly por sus pacientes, sustituto del amor que perdió en su juventud; el amor de Laverty por esa chica que conoce en un tren y le otorga el honor de volver juntos en el trayecto de la noche; el amor de la señora Kincaid, el ama de llaves, por su trabajo como señora de la casa; el amor del loco de los perros y la loca de los gatos; el amor de la hipocondríaca y su senil marido; el amor del alcohólico y su joven y bella mujer, recompensado en un bebé y esperanzas de un futuro mejor; el amor de Arthur Guinness por la pernera del doctor Laverty…


Un aliciente adicional a todos los mencionados es la descripción de Irlanda del Norte y toda la información que se nos proporciona sobre el estado social y político de la isla en el momento en que se sitúa la acción: los Troubles, las luchas urbanas entre católicos y anglicanos y cómo esa dicotomía no existe en las zonas rurales, los desfiles orangistas, los paisajes de la bella Irlanda, los verdes campos interminables, los ríos repletos de peces, la corrupción política personificada por el concejal Bishop (cuyo nombre es tan inocente como su cargo)… Además encontramos citas literarias a grandes autores de la literatura inglesa como Tennyson, Shakespeare, Kipling o tan populares como The Wind in the Willows o líneas del cancionero popular irlandés. Todo ello, junto con un excelente trabajo de la traductora a la hora de añadir comentarios explicativos a pie de página, conceden a este texto un aura de idealización cultural y social fuertemente enraizada en lo más profundo del verde suelo irlandés.