domingo 13 de enero de 2008

¿Es el valenciano una lengua independiente o es un dialecto del catalán?

Llevo oyendo esa pregunta en forma de afirmación categórica proveniente de un bando u otro durante años. Realmente creo que tantos años como los que tengo, o al menos desde que tengo uso de razón y memoria para recordarlo. Aquellas palabras de mi abuelo paterno, franquista acérrimo y valencianista aún más acérrimo todavía. Aquellas otras de mi padre, que supo distanciarse de la situación política y vio desde las dos perspectivas cómo podía ser un país, pero que aún acusaba la influencia recibida durante su niñez en cuanto a la dicotomía valenciano/catalán. Por poner un ejemplo, de pequeño me decía que en su casa no se veía la TV3... a no ser que pusieran algún partido de fútbol, claro. Por mi parte, nunca me quedé sin ver un capítulo de Bola de Drac, o el Dr. Slump o programas que muy pocos recordarán como Betes i films o Tres pics i repicó. Pero claro, ¿qué culpa tenía yo de que la programación de la TV3 fuese inconmensurablemente mejor que la de TVE o la de un Canal 9 que llevaba pañales? Dejando de lado sus mapas del tiempo con los països catalans y cuatro referencias diarias a la unidad de la lengua, el resto era digno de elogio... al menos desde el punto de vista de un chaval pillado por la tele. La cuestión era que yo particularmente me daba cuenta de los cambios de registro; sabía cuándo había que prestar atención a lo que decían y cuándo ser un simple observador –no un acólito– de lo que decían. Pero todo eso daba igual, porque lo que la mayoría veía era simplemente la televisión de los catalanes, que hacían propaganda unitarista –lo de los países catalanes– sobre la población más joven. Pobres ignorantes. Todos, sí, hasta mi abuelo y mi padre. Porque la ignorancia viene dada no sólo por el desconocimiento sino también por los juicios incorrectos que surgen de él. Lo que mi abuelo y mi padre no sabían hacer a sus 60 y 30 años respectivamente lo sabía hacer yo a mis 8: el distanciamiento de la realidad te permite observar y analizar dicha realidad desde un punto más objetivo que cuando te sitúas dentro de dicha realidad. O, dicho de otro modo, la no decantación por una u otra propuesta política me permitió observar una realidad velada para ambos bandos. Nada me importaba que los dibujos, los programas y las películas estuvieran en catalán, y nada me importaba que los mapas del tiempo mostraran una división política no oficial. Lo que me importaba era que me entretenía viéndolo, y mientras otros bramaban y se ahogaban en protestas porque nos entreteníamos viendo la tele, yo los veía bramar y ahogarse en protestas... y qué caray, eso me entretenía casi tanto como ver la tele.


Lo que voy a intentar hacer en este mini-artículo de divulgación es algo que muchos lingüistas y filólogos llevan haciendo durante décadas. Desgraciadamente, sus tecnicismos y la densidad de sus estudios ha propiciado que dichos artículos permanezcan vedados para la mayoría de la gente. Vamos, que es más interesante ver la tele, oír música o leer el último libro que nos han recomendado en el Corte Inglés o la FNAC antes que “perder” el tiempo intentando descubrir qué quiere decir tal o cuál lingüista cuando dice cosas como “desde el punto de vista homorgánico, las cadenas consonánticas finales que comparten las mismas posiciones laríngeas se encuentran reducidas” o “el tiempo presente simple no se halla flexionado para número o persona”. Por esa misma razón no quiero utilizar ninguna palabra que suene a chino (tecnicismos) ni me voy a enrollar en larguísimas oraciones llenas de subordinadas (intra-dependencia oracional) ni voy a hacer referencias externas a lingüistas de los que no habéis oído hablar en la vida y que os importan poco o nada. Porque ya está bien de oír hablar de la lengua bien desde puntos de vista viciados por la ignorancia o bien desde un lenguaje incomprensible.
Valga decir que no utilizo las palabras “ignorancia” o “ignorante” desde una perspectiva despectiva o peyorativa, sino simplemente descriptiva. Alguien es ignorante porque no ha tenido la oportunidad de que alguien le enseñe. Y en caso de que sí haya tenido la oportunidad y siga mostrando ignorancia, no es que sea ignorante, es que es idiota perdido (y ése sí que es un término peyorativo).


Para terminar esta larga introducción, sólo cabe decir que si alguien pregunta por mí basta con decir que soy estudiante de filología inglesa interesado en la lingüística en su vertiente social (esto se llama sociolingüística). Así, mientras la lingüística general estudia cosas como por qué en todas las lenguas existen palabras para denotar “madre”, “luz” o “muerte” y no en todas existen las nociones de “fuerte”, “amarillo” o “soltero” (esto se llama “universales lingüísticos”), lo que la sociolingüística estudia es las lenguas –y sus variedades– en relación con su grupo de hablantes: por qué en este pueblo dicen “reboste” en vez de “alacena” o por qué tal población no utiliza el pretérito imperfecto –cantaba, reía– y sí el perfecto –canté, reí–, como ocurre en Galicia. Muchas veces, no se encuentra un porqué válido, y hay que conformarse con la mera descripción del fenómeno, pero eso es ya problema de quien lo quiera estudiar. Los hablantes ya tenemos bastante con nuestras vidas como para irnos preocupando de si el uso que hacemos de la lengua es normativamente correcto o no. Y en caso de que sí te preocupe, espero que sea desde el conocimiento de lo que implica la normalización, normativización y/o estandarización de una lengua, porque si no es así se habla desde la ignorancia.


Desde el punto de vista lingüístico, no existen los dialectos. Dialecto es una palabra política, no lingüísticamente válida por sus connotaciones negativas. Lingüísticamente hablando, existen las lenguas y sus variedades, y en muchos casos ese “sus variedades” no implica subordinación, sino relación. Vale, facilito: decir que el valenciano es una variedad del catalán no implica que el valenciano sea peor, esté por debajo o sea inferior al catalán en ningún aspecto. Y recalco el “ningún aspecto”. Por otro lado, no se puede trazar una línea que nos diga hasta qué punto una lengua lo es por derecho propio y una variedad no lo es. Algunos dirán “una lengua lo es porque tiene una literatura y un dialecto no”. Falso. Una lengua lo es porque:

  1. tiene hablantes; ni siquiera hace falta que haya dos, con tener un sólo hablante es lengua. Ejemplo: las lenguas que desaparecen no lo hacen hasta que su último hablante haya muerto, aunque sea el último en el mundo.
  2. cubre la función básica de la comunicación; o lo que es lo mismo: el mensaje M va desde A (yo) hasta B (tú) y B (tú) lo entiendes de manera que puedes formular otro mensaje M2 respondiendo al primero. En ese caso A pasas a ser tú y B soy yo.
  3. tiene reglas internas que establecen una gramática, una sintaxis y una morfología sin las cuales la lengua no sería viable porque no se produciría la comunicación. Explicación: si produzco un mensaje en el que las palabras se relacionan entre sí de manera que tú no conoces, o coloco los objetos directos e indirectos al principio de oración y además los hago acabar en –oak e -itie entonces no hay mutua inteligibilidad porque tu variedad lingüística y la mía no comparten las mismas reglas internas que las regulan.
  4. tener una literatura no es más que un resultado de tener una escritura. Pero para que una lengua exista no hace falta ni siquiera que tenga escritura. Muchas lenguas amerindias y aborígenes no poseen escritura, y nadie duda que sean lenguas con pleno derecho. El hecho de tener una literatura da prestigio –que es una construcción social–, y para que se tenga sensación de prestigio es necesario comparar una variedad con otra con la única finalidad de que una salga ganando (la propia) y la otra perdiendo (la ajena). Y ese es un discurso nada científico que todo lingüista rechaza (o debería).
  5. hay más razones, pero son más complicadas y ya he dicho que no quiero marearos y tampoco son esenciales para captar la idea.

Algunos dicen que el catalán y el valenciano son la misma lengua porque nos entendemos. Volvemos al tema de la mutua inteligibilidad, pero es que los italianos nos entienden a nosotros casi a la perfección, y los portugueses también y no dicen que el italiano y el español sean la misma lengua, o que el portugués y el castellano sean lo mismo. Sin embargo sí decimos que el español hablado en España, el hablado en Argentina y el hablado en Panamá son la misma lengua, con lo cual debería haber mutua inteligibilidad, pero ¿realmente la hay? Hace unos 5 años se hizo público un estudio que demostraba que las ¾ partes de lo que se dice en una conversación –una interacción comunicativa básica– no se entiende. O lo que es lo mismo, si tú y yo nos ponemos a hablar de cualquier tema, las ¾ partes de lo que digamos no lo vamos a entender. Por eso la lengua es redundante y tendemos a decir las mismas cosas varias veces y de maneras distintas para hacernos entender... ¡entre nosotros mismos! No os voy a dar las referencias de dicho estudio porque no las recuerdo, lo siento pero si habéis aceptado como válido lo que os he dicho antes, no os debería costar mucho dar por válido lo del estudio, sobre todo porque demuestra la redundancia del lenguaje, un hecho ampliamente referenciado. Retomando lo del estudio: ¿realmente habrá mutua inteligibilidad entre un panameño y un argentino, o entre un español y un colombiano? ¿O en realidad lo que estaremos haciendo es modificar a propósito nuestra forma de expresarnos para que el otro lo entienda y viceversa? Además, otra pregunta surge: ¿qué significa realmente la mutua inteligibilidad? Teniendo en cuenta que una lengua se moldea con respecto al mundo que rodea a un hablante –pues una lengua surge de la combinación de los 5 sentidos para referirse al mundo que rodea al hablante–, cuando ponemos en contacto a dos hablantes de la misma lengua pero cuyas realidades son distintas, ¿hasta qué punto se entenderán? ¿Hasta qué punto se entenderán dos personas hablando del ñame, su cultivo y su recolección si una de las dos no sabe qué demonios es el ñame? ¿Hasta qué punto entenderé yo a un físico nuclear que hable perfecto español y hasta qué punto entenderá él a un lingüista si la realidad que nos rodea ha moldeado de tal manera nuestra lengua que ha llegado a ser incomprensible para el otro cuando se habla de campos del saber ajenos? La última reflexión tiene una trampa relativa, y es la de la especialización del lenguaje, pero en términos estrictos de mutua inteligibilidad, sigue sin producirse al 100%. Y nadie duda que tanto el físico nuclear como el lingüista hablan el mismo idioma. Así como nadie duda que el sueco y el noruego son lenguas distintas... aunque sí exista mutua inteligibilidad: sí, un sueco y un noruego, hablando en sus respectivas lenguas, pueden hablar del tiempo, de la salud de sus hijos, de qué mal van sus países... y se entienden entre ellos.

Seguro que ya habéis caído: no sólo la palabra “dialecto” es una palabra que viene de un contexto político –el campo semántico es la política–. La palabra “lengua” no es estrictamente propia de la lingüística, sino que se la ha apropiado la política y la ha sabido utilizar y exprimir de tal manera que hay países que se han unificado por hablar la misma lengua, y países que hablaban la misma lengua han pasado a llamarla de manera distinta por haberse separado. Manda narices, ¿eh? Qué cachondeo nos llevamos con la palabrita, aunque lo peor es lo que ello implica. Por ejemplo, que en la Comunidad Valenciana no se pueda recibir la señal de la televisión pública catalana porque desde el Gobierno valenciano se haya decidido así. Sin embargo, en Murcia ven Canal 9 (la televisión pública valenciana) desde los inicios de sus retransmisiones y nadie se queja por ello, aunque vean los programas en valenciano y hasta exista inteligibilidad –entienden el valenciano–. Alguien podría decir: pues como los murcianos ven Canal 9 y lo entienden, entonces el valenciano es español. O aún más descaradamente: como los murcianos entienden el valenciano, entonces el español debería llamarse valenciano. ¿A que es una locura? Pues sólo hay que aplicar el mismo razonamiento yéndose un poco más al norte.


No estoy defendiendo que el valenciano y el catalán sean lenguas distintas. Tampoco defiendo que el valenciano sea una variedad del catalán (la unidad de la lengua), porque el catalán entendido como la lengua que se habla en Cataluña consta ya en sí misma de varios dialectos –sí, variedades– bien definidos por las isoglosas (lo siento por el tecnicismo, pero son como las isobaras de los mapas del tiempo: delimitan las zonas de uso de una variedad). Así pues, si alguien dice que el valenciano es un dialecto del catalán, me gustaría que hicieran explícito de qué variedad exacta del catalán es el valenciano una variedad. Obviamente no se puede, porque el valenciano en sí mismo está compuesto de diversas variedades, así que lo que estamos haciendo es incluir subcategorías como un esquema en forma de árbol. Por ejemplo: el valenciano apitxat, que es el que se habla en la comarca de l’Horta es un dialecto –variedad– del valenciano, y éste del catalán, pero como faltaría decir a qué variedad exacta del catalán se subordina el valenciano, esta división en subcategorías no se puede llevar a cabo. Esto es algo que los lingüistas en lenguas como el inglés o el italiano saben desde hace muchísimos años, y si nosotros aún no lo sabemos es porque no interesa que lo sepamos. Ni al gobierno valenciano le interesa difundir estos conocimientos, ni tampoco al catalán, y mucho menos al español conservador, porque permite perpetuar el sistema de las dicotomías que tan bien va a la hora de hacer política: la izquierda contra la derecha, los rojos contra los fachas, el norte contra el sur, el este contra el oeste, el interior contra el exterior o simplemente los buenos contra los malos. Y así nos evitamos tener que pensar en un difícil sistema de gradaciones: en vez de “lo bueno y lo malo” tendríamos que empezar a calificarlo todo en gradaciones como “lo óptimo, lo excelente, lo mejor, lo bueno, lo menos bueno, lo malo, lo peor”... Sin embargo, en un campo de estudio como es la lingüística no queda otra solución que dejar las dicotomías de lado y empezar a describir las lenguas de la manera más objetiva posible –intentando evitar todo lo que podamos la paradoja del observador– y es que las lenguas no son buenas o malas por definición. Las lenguas son todas buenas. No existe lengua o variedad lingüística peor que otra. Todas cumplen sus funciones para los campos en que son necesarias, y si existe un nuevo campo en que antes no se utilizaba esa lengua, entonces se produce una normalización –que no tiene por qué ser oficial, puesto que los propios hablantes regulan la lengua a medida que la practican– de la lengua en ese nuevo campo.


A la hora de hablar de lenguas y variedades lingüísticas, se debe tener siempre presente el “continuum lingüístico”. Esta noción nos evita las dicotomías (sí/no, bueno/malo) y es la mejor manera de describir la realidad lingüística de un territorio. Para explicarlo de una manera fácilmente comprensible: una lengua no tiene por qué cambiar de repente al cruzar una línea imaginaria, llamémosle “término municipal” o “límite de la comunidad”. Los cambios lingüísticos no se observan por regiones delimitadas políticamente, sino por delimitaciones lingüísticas: las isoglosas. La isoglosa del seseo (pronunciar “ce” y “ci” como /se/ y /si/ respectivamente) en España delimita claramente las zonas en que el seseo se produce. Que luego esas zonas coincidan con Canarias, partes de Andalucía y parte de Murcia es un hecho accidental, dado por las condiciones políticas que se dan en estos momentos en España (aunque la realidad es bien distinta). Así mismo, debemos utilizar la noción del continuum lingüístico para referirnos a la realidad lingüística de aquellas zonas donde se dice que se habla “catalán”. Así, nos damos cuenta de que gran parte de la Comunidad Valenciana no habla valenciano y no se halla bajo la influencia directa de esta lengua/variedad (y mucho menos del catalán). También nos damos cuenta de que las diferencias lingüísticas entre el norte de Castellón y el sur de Tarragona son más pequeñas que entre el norte de Gerona y el sur de Alicante.


Resumiendo:

  1. no podemos decir que el valenciano sea un dialecto del catalán primero porque la palabra dialecto es peyorativa, y en segundo lugar porque faltaría decir de qué variedad del catalán es a su vez variedad el valenciano.
  2. no podemos menospreciar una lengua o variedad lingüística por el mero hecho de que no sea la nuestra. Hacerlo es un rasgo de incultura, de desconocimiento y de ganas de que los hablantes te partan la cara.
  3. atribuir implicaciones políticas a una determinada lengua es algo que se lleva haciendo siglos, y que ha desembocado en guerras y tensiones políticas terribles que siempre han perjudicado a los hablantes. Gran parte de esas tensiones políticas son culpa de los propios filólogos que no han sabido o querido tomar una postura descriptiva y objetiva ante la lengua y han preferido utilizarla como arma arrojadiza y persuasiva, según la ocasión.
  4. si yo sé qué es una puñetera hipotenusa o un cateto, cómo resolver ecuaciones de segundo grado, que la sal común es NaCl y se lee cloruro de sodio, o cómo se reproducen las medusas (cosas todas ellas que hasta el momento no me han servido para mucho), me pregunto por qué nociones como isoglosa, variedad lingüística, continum lingüístico, acrolecto, mesolecto, basilecto, ceceo, seseo, yeísmo... no son del dominio público. Y eso que la lengua la utilizamos TODO el mundo a TODAS horas y en TODOS los ámbitos.

Valga este último punto como reflexión abierta y como despedida. Los comentarios son siempre bien recibidos.

6 linguocomentarios:

Kepa dijo...

" (...) si yo sé qué es una puñetera hipotenusa o un cateto, cómo resolver ecuaciones de segundo grado, que la sal común es NaCl y se lee cloruro de sodio, o cómo se reproducen las medusas (cosas todas ellas que hasta el momento no me han servido para mucho), me pregunto por qué nociones como isoglosa, variedad lingüística, continum lingüístico, acrolecto, mesolecto, basilecto, ceceo, seseo, yeísmo... no son del dominio público. Y eso que la lengua la utilizamos TODO el mundo a TODAS horas y en TODOS los ámbitos."

Básicamente el resto del mundo no conoce esos términos por que son tecnicismos en su mayoría, que sólo entienden los especialistas o gente que tenga interés particular por cuestiones lingüísticas. En cambio la mayoría de la gente conoce nociones como sintaxis, sujeto, predicado, bilingüismo, o diglosia.

Por la misma razón tú (y la mayoría de la gente) desconoce el significado de términos como semiconductor, triodo, ley de Hooke, gauss, curvas de aproximación de segundo orden, etc.

Son tecnicismos, o conceptos ligados a ramas del conocimiento al que no tienen acceso la mayoría de las personas, por ser bastante específicas (el tiempo del que disponemos en este mundo es, afortunadamente, limitado).

Sento dijo...

De acuerdo contigo en que son tecnicismos, pero la diferencia entre tus ejemplos y los míos es que yo no hago uso de tus tecnicismos en mi día a día, mientras que la lengua y sus distintas realizaciones son la base fundamental para el desarrollo posterior de todo el saber humano.
Si no poseemos el conocimiento básico (y las palabras que he citado son realmente básicas) que nos constituye como seres humanos y nos proporciona el medio básico de subsistencia como especie (sí, es la lengua) ¿cómo vamos a ser capaces de alcanzar logros mayores?

Estos conceptos se podrían estudiar en un curso bastante básico en el instituto, y nos proporcionarían los conocimientos básicos para ser autoconscientes de nuestra propia realidad con respecto al resto del mundo.

Sin la lengua, o sin el conocimiento de ésta por sus hablantes, se hace imposible la idea de un semiconductor, un triodo o la ley de Hooke.

Desde mi punto de vista, mis tecnicismos lo son en menor grado que los tuyos, pues los tuyos necesitan del código que los míos describen.

Gracias por tu comentario.

Susan dijo...

d love to read this - could you translate it into English or Catalan for me?

Sento dijo...

I'm sorry, Susan, but it's quite long and I'm now in my exams period, so I find it impossible to translate it.
I recommend you to use the SALT translator (it's a program made by the Valencian Government) to translate it. Automatic translations from Spanish to Valencian/Catalan and vice-versa are quite good because of the linguistic similarities.
The link is:
http://www.edu.gva.es/polin/val/salt/apolin_salt.htm

Juan dijo...

Un poco tarde, aunque mejor tarde que nunca.

La palabra dialecto no me parece en absoluto peyorativa. Como bien recordarás de nuestras clases de sociolingüística, el idioma es el sistema abstracto y su puesta en práctica en sus distintas variantes es el dialecto. El ciudadano de a pie no habla idiomas, sino dialectos.

El Valencià, así como el Rosellonés, el Mallorquín, el Ribagorçà o el Algerés, son variantes de un mismo sistema abstracto, el "Catalán-Valenciano-Balear" (ver Ethnologue: http://www.ethnologue.com/show_language.asp?code=cat)
Si todas estas variantes se agrupan como dialectos de un mismo idioma (o sistema abstracto) es por simple conveniencia y siguiendo criterios estrictamente lingüísticos; resulta evidente que las diferencias más notorias entre dichas variantes se limitan casi exclusivamente a los ámbitos léxico-semántico y fonológico (al igual que ocurre, por ejemplo, entre el inglés británico y el americano), mientras que a nivel morfológico y sintáctico son virtualmente idénticas.

Nuestro estatuto otorga el derecho legal a los valencianos de referirse a la variante autóctona de "Catalán-Valenciano-Balear" hablada en la Comunitat como "Valencià", lo cual en ningún momento significa que ésta sea una lengua independiente. Como tú bien dices, la política y la filología, cuanto más alejadas mejor. Un buen filólogo no debería nunca caer en estas trampas.

¡Salut!

Sento dijo...

A Juan:
Es normal que a nosotros la palabra dialecto no nos suene de manera peyorativa, porque estamos habituados a escucharla y a usarla sin mayor carga semántica que la que realmente tiene (mejor dicho: que debería tener). El problema radica en que la sociedad, la comunidad lingüística al fin y al cabo, sí la carga con rasgos negativos que tiene que ver, por ejemplo, con el prestigio.

"El ciudadano de a pie no habla idiomas, sino dialectos." Mmm discrepo. El ciudadano habla en idiolectos, que es una interpretación personal e intransferible del sistema abstracto que la comunidad lingüística comparte. Existen tantos idiolectos como hablantes. Como bien dice la Wikipedia (a la que a veces no hay razón por la cual no hacerle caso), cuando el idiolecto se concretiza -se escribe- se convierte en lo que se llama estilo. La verdad es que es normal que estas nociones nos bailen, porque seguramente los profesores que tuvimos no fueron los mismos (Emilio G. vs. Barry P.) y ya nos conocemos la paradoja del profesor.

Estoy contigo, como no podía ser de otra manera, en lo que dices en el segundo párrafo, en lo referente a la pertenencia a un mismo sistema abstracto. Mi post iba encaminado a hacer evidente lo complejo que puede llegar a ser clasificar una lengua -o variedad/dialecto- en una rama cuando el nombre de la rama varía dependiendo de la zona donde te halles.
Si a eso le añades que cada variedad/dialecto de la misma rama histórica común se ha ido desarrollando con pequeñas diferencias a lo largo de la historia, la situación se complica mucho más.

Me alegro mucho de que te hayas pasado y hayas comentado (y de que me hayas dado un repaso jejeje).

¡Abrazos!