PresentePues sí, ya no soy una fase previa al
filólogo. Desde el día 30 de junio soy oficialmente licenciado en
Filología Inglesa por la
Universitat de València. Mis años me ha costado.
PasadoBueno, para ser sincero, lo que me ha costado -demasiados- años ha sido centrarme y madurar. Los primeros años fueron jauja: el cambio del instituto a la universidad, de vivir con la familia a vivir prácticamente sólo, mudarme del pueblo a la ciudad... Luego las amistades, las novietas, las fiestas fueron sucediéndose. Tenía demasiadas cosas en las que pensar como para aprobar la carrera año a año. Y es que ya se sabe que nosotros maduramos más tarde que vosotras, y eso se nota mucho en una carrera como esta.
Por suerte, al final terminé por sentar la cabeza. Aquellos con quien empecé la carrera empezaron a salir por la puerta grande con su título bajo el brazo mientras yo me quedaba poco a poco sin mis colegas del pasillo, de las escaleras, de clase (nunca he sido de cafetería). Así que no tuve más remedio que hacerme nuevas amistades. Las nuevas generaciones estaban ahí; tan sólo había que acercarse un poco y en seguida te acogían en su círculo. Sin embargo, esa pequeña variación de edad, esos dos o tres años se notaban. Me daba cuenta de que yo ya era más maduro que las chicas dos o tres años menores que yo: pensaba, me comportaba y actuaba de manera distinta, más calmada, menos impetuosa. Si años antes me habría apuntado a cualquier plan sin pensarlo dos veces ahora tenía que abrir la agenda y aplazar compromisos o incluso tener que decir no a la proposición más descabellada (que todos sabemos que son las mejores). Los exámenes ya no se estudiaban solos o la noche antes; ahora hacía acopio de apuntes casi desde el primer día e intentaba ir al día en clases y materia. Mientras, la gente a mi alrededor era un viva la virgen constantemente. Aunque al fin y al cabo estaban haciendo lo mismo que yo había hecho en años anteriores. Yo me los miraba y pensaba:
podría decirles que si siguen así no van a aprobar esta asignatura, ¡pero qué narices, que disfruten mientras puedan! Y me gustaba. Me gustaba mucho. Ese punto de vista ligeramente diferente que dan un par de años es una ventaja en una carrera. Si los primeros años aprobaba las asignaturas con un 5 pelado, ahora lo hacía con Notable, algunas veces incluso con Sobresaliente. Sí, es cierto, iba dos o tres años atrasado con respecto a la mayoría de mis compañeros, pero mientras algunos de mi promoción habían dejado de ir a clase por las veces que habían repetido la asignatura, yo aprovechaba esa inesperada madurez recién adquirida para
masticar bien la asignatura, para bordar los trabajos, para dejar el temario listo para el examen. Así, tras varios años desastrosos en mi vida académica, los 2 últimos han sido casi de matrícula.
Particularmente no sé hasta qué punto contará la nota media del expediente para encontrar trabajo, pero desde el punto de vista personal, desde el conocimiento íntimo de hasta dónde he trabajado una asignatura, de cuánto he aprendido, de lo que me ha costado sacarla adelante, no es lo mismo saber que tienes un 5 que un 8. El esfuerzo, el sudor, las horas delante del ordenador... acaban teniendo una recompensa en forma numérica. Y es ese número el que te dice cuánto ha valido la pena haber dejado de salir de fiesta, haberte acostado a las 9 de la mañana estudiando y levantarte a las 5 de la tarde sabiendo a qué hora te vas a acostar al día siguiente.
Este último año he tenido tan sólo una asignatura:
Teatro Inglés desde los orígenes hasta el siglo XIX, una asignatura que es casi tan interminable como su título. Siempre ha sido una asignatura que me ha gustado. La he hecho 3 veces, y al final la he aprobado. Eso sí, con otra profesora, porque si hubiese seguido con la misma habría suspendido. El tema del profesorado daría para escribir una entrada bastante amplia , así que no voy a decir más que lo que es obvio: el profesor determina completamente las ganas y el interés del alumnado por la asignatura. Como este año sabía que me iba a aburrir bastante con una sola asignatura en la facultad, decidí hacer el primer curso de Francés en la
Escuela Oficial de Idiomas de Valencia. Hace un tiempo, hablando con unos amigos de la facultad -los de mi promoción, los primeros que tuve- estuvimos hablando de la facilidad que tenemos los estudiantes de Filología por los idiomas. Los asimilamos bien, con mayor o menor dificultad dependiendo de cada persona, eso está claro, pero no se nos suelen resistir: alemán, italiano, portugués, francés, japonés, chino... Yo no sé si es porque era el primer curso (que probablemente sea condición determinante) o porque es la EOI, pero ha sido un gran año. He aprendido bastante, aunque en clase me aburría muchísimo: mientras algunos compañeros no cogían los conceptos hasta pasadas 3 clases y tras haber hecho muchos ejercicios, yo los asimilaba a la primera. Simple comparación entre lenguas. Ayuda a comprender y a memorizar. Esa es una herramienta que los que tratamos con los idiomas tenemos más que asimilada, pero me he dado cuenta gracias a las clases de francés que eso no es así con muchísima gente. Quizá ese sea un factor esencial en la diferencia entre la gente de letras y de ciencias: si para mí es imposible entender y memorizar la química inorgánica o la trigonometría, a muchos de ciencias les resultaba imposible comprender por qué algunas consonantes se doblan en los verbos franceses, o los vínculos entre los pronombres y los complementos de objeto directo o indirecto. La cuestión es que he adquirido una base de francés bastante importante que me facilitará mucho la tarea de seguir aprendiendo en el futuro este idioma que he descubierto este año.
PresenteAhora estoy desubicado. Me he pasado los últimos años de mi vida teniendo en mente una interminable lista de asignaturas que aprobar, que estudiar en verano, a las que presentarme, que dejarme para convocatorias posteriores... Ahora ya no queda ninguna por aprobar.
Las he hecho todas. No tengo que estudiar nada en verano. En septiembre no tendré que hacer ningún examen. No habrá ningún día de las fiestas de mi pueblo al que deba renunciar. No habrá ningún profesor esperándome a que le entregue el examen. No volveré a ver a mis compañeros tras 3 meses de ausencia estival.
Por el momento, aprovecho el día. Leo mucho. Le estoy sacando un partido enorme a mi
Papyre. Es rara la semana que no acabe con 3 libros leídos. También voy en
bici. Hacer mountain-bike por los
montes de mi pueblo es mi válvula de escape. No soy una persona deportista de manera que voy acumulando tensiones hasta que sé que necesito liberarlas con la bici. Me meto
30, 40 ó 50 kilómetros por caminos rurales,
la vía verde o caminos de cabras. Sudo, libero la mente, hago ejercicio, me relajo mentalmente mediante el castigo físico. Lo llevo haciendo muchos años y me funciona muy bien, así que de momento seguiré disfrutando de mi bicicleta de montaña.
FuturoHay gente que se planifica el futuro. Día a día, mes a mes o incluso de año en año. Yo siempre he sido incapaz. La agenda ha sido siempre mi mejor aliada porque nunca he podido memorizar qué tenía que hacer en dos días vista, así que ni que decir tiene que nunca me he planteado nada de un mes para otro. Sin embargo, de un tiempo a esta parte me he dado cuenta de que también he cambiado en eso. ¿Será madurez? La cuestión es que la etapa de estudiante universitario se me ha acabado, lo estaba viendo venir y en septiembre me marcharé a Inglaterra para hacer una especie de
CAP para ser profesor de español en lengua inglesa. Era eso o quedarme en España, estudiar unas oposiciones que no sabía si iba a conseguir aprobar y optar a una plaza en un instituto enseñando inglés. No es un mal futuro, pero me llama más enseñar español. Si bien los
monstruitos ingleses son un poco diferentes
a los españoles, supongo que podré tratar con ellos. Y si no, siempre me quedará un viaje low-cost que me devuelva a mi ciudad para intentarlo de nuevo aquí.
Sé que voy a echar mucho de menos a mi gente, a mis amigos, incluso a mi familia (siempre he sido un poco
descastao, como dice mi madre) pero creo que ha llegado el momento de tomar un camino que debo recorrer yo solo: el camino de la independencia personal, familiar y económica completa. Y si ese camino me lleva a otros países, estaré encantado de tomarlo.